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01-08-2016, 20:15

La posmodernidad invita a los padres a desligarse de sus roles como tales y brindan en consecuencia libertades casi absolutas a los hijos desde muy pequeña edad o sencillamente se desprenden de cualquier obligación.

Es curioso pensar en que la mayoría de los padres no están asumiendo la responsabilidad que merece su decisión de ser progenitores. Creo que la frase: “Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve pianista.”1 Tiene gran aplicación hoy día.

  

Lo interesante de este fenómeno de “educación” que han adoptado los modernos padres, es que trae perjudiciales consecuencias en las futuras vidas de sus hijos. El Psicólogo Fernando Osorio comenta:

“La posmodernidad se encargó de destruir todos los parámetros culturales. Los padres, en la era de la globalización, se quedaron sin una referencia. No hay un modelo que haya reemplazado aquel esquema de la familia tradicional”2

No sólo se olvidó aquel papel tradicional, sino que tampoco se ha reemplazado por alguno nuevo. En consecuencia a esto, si un chico crece sin reglas, sin disciplina, sin una buena educación moral y espiritual, el adulto que se cosechará será irresponsable, inmoral, no sujeto a ninguna autoridad (comenzando con sus propios padres) y por lo tanto no temerosos de Dios. Seguramente las adicciones, el descontrol, toda clase de libertinajes serán el futuro de este adolescentes que a su vez acarreará con todas las consecuencias de sus actos.

Muchos padres cuando ven a sus hijos que les irrespetan o se meten en muchos problemas en la escuela, se preguntan ¿Por qué sucede esto? ¿Qué le está pasando? Lo cierto es que estas actitudes responden a la ausencia de dirección desde su temprana edad. La ausencia de la formación ya mencionada encamina inevitablemente la vida de sus hijos hacia esa dirección.

Este desligue a las responsabilidades paternas también se observó en otra época. Para el tiempo de los jueces, los padres descuidaron una de las obligaciones más importantes que les había dado el mismo Dios, a saber, “educar a sus hijos” (Dt.6:6-9). Ellos se desentendieron de esta responsabilidad y como consecuencia sus hijos crecieron sin temor de Dios, en toda clase de libertades y se inclinaron a las perversidades que aquella época y poblaciones vecinas ofrecían, (Jueces 2:8-13).

Dios se desagradó totalmente de lo que estaba sucediendo. El pueblo de Dios debía caracterizarse por su moral, buen testimonio, y su profunda reverencia al Creador, pero lo único que estaban logrando era pisotear todo lo que Él había hecho por ellos.

En respuesta a esto, Dios los castigó duramente siendo oprimidos por mucho tiempo por naciones enemigas. Después de mucho sufrimiento, muerte y esclavitud ellos reconocieron el error de su caminar y buscaron nuevamente a Dios. El Señor al ver su arrepentimiento los perdonó y ayudó (Jueces 3:7-11).

Pero todo eso por el simple hecho de que los padres no cumplieron con su deber. Es cierto que la educación temprana de un padre hacia su hijo no garantiza que este se mantendrá en la buena senda, sin embargo, esto no es una excusa para que los progenitores se desliguen de su responsabilidad.

Pienso finalmente, que más allá de lo que un adolescente quiera hacer después de haber sido educado correctamente, los padres deben cumplir su roll. Y en vez de dudar respecto a lo que sucederá, deberían confiar en la promesa de Dios, “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” (Prov. 22:6)

 

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1. Proverbia.net, en línea: http://www.proverbia.net/citastema.asp?tematica=291&page=2
2. Osorio, Fernando, (2011), Hijos perturbadores, negativistas y desafiantes: los riesgos de la autonomía anticipada, (Ed. Noveduc—Bs. As., Argentina), pag. 31


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