Blog

 
05-02-2017, 19:29

Entre más leo las Bienaventuranzas, más enseñanzas y perspectivas descubro a lo largo del tiempo acerca de lo que Jesús quiso enseñarnos con esas máximas del Reino. Pero lo primero que me gustaría decir de ellas, considerando el entorno al que Jesús se dirigió en aquel entonces, es que sencillamente desconciertan. No había quizás palabras menos indicadas que las que pronunció el Señor en aquella ocasión, o por lo menos no eran las que la audiencia quería escuchar.

"Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, 2 y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo:3 «Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece.
4 Dichosos los que lloran, porque serán consolados. 5 Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia. 6 Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. 7 Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión. 8 Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. 9 Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. 10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece.
11 »Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. 12 Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes." (Mt 5:1-12)

Los judíos de aquel entonces sufrían y padecían de todas las formas que podamos imaginar a causa de la opresión de Roma y el Templo. Impuestos, pobreza, hambruna y soledad eran las realidades de ese pueblo que en algún momento hacia alarde de contar con el Poderío de un Dios que los libraba de todo. Ahora solo malestar y sufrimiento diario era lo que tenían, solo una pequeña luz los mantenía en pie luchando, la promesa del Mesías, aquel a quién Dios enviaría para librarlos de esa situación.

Jesús, apareció y dijo públicamente en más de una ocasión que Él era ese a quien tanto habían esperado. Pero no solo sorprendió a todos con estas declaraciones, sino que también con su vida, porque era exactamente todo lo contrario a lo que ellos esperaban. Era pobre, Nazareno, de una familia común. Pero lo más desconcertante de Jesús eran sus mensajes, como el que acabamos de leer. Las Bienaventuranzas eran exactamente lo opuesto a lo que ellos esperaban del Mesías.

Parece que las Bienaventuranzas alabaran la pobreza, el dolor, y todos los pesares, ¿A caso eso tiene sentido? ¿Por qué Dios estaría diciéndonos que sufrir es lo mejor, que deberíamos estar contentos por tener hambre? ¿Qué se supone que debían hacer sus seguidores de ahí en adelante, promover la pobreza y dolor sobre todo el pueblo?

Definitivamente en esas enseñanzas debe haber algo más allá de lo que en un primer momento entendemos, y quisiera que nos detuviéramos a pensar en ello.

1. Inicialmente lo que se me viene a la mente, es ¿Por qué Dichosos los pobres, los que lloran, los que tienen hambre…etc.? ¿Dios quiere que suframos y lloremos y no tengamos nada?

Claramente que no, y no es la intensión de este pasaje decir eso. Las Bienaventuranzas son un mensaje de consolación. El Señor sabía perfectamente por lo que su pueblo estaba pasando, no había dolor, llanto, e injusticia de la que Él no estuviera al tanto. Con estas Palabra Él les estaba diciendo: “Tranquilos, yo sé lo que están pasando y pronto recibirán justicia” este era un mensaje de aliento y esperanza para ellos. Con estas palabras el Señor les recordaba que no estaban solos y que su recompensa ya estaba asegurada.

Pero además de esto, hay otra verdad que se desprende de esto, y es que estos “Dichos” reflejan la realidad de aquellos que sirven a Dios. ¿Por qué Bienaventurados los pobres, y los que sufren y los que lloran…etc.? Porque son exactamente las personas en estas condiciones las que lo han buscado a lo largo de la Historia.

Cuando Jesús predicaba por las calles de Palestina, eran los necesitados los que lo seguían, eran los marginados los que buscaban su amistad, y los rechazados su afecto. El Señor no está diciendo: “Para que me puedan servir tienen que ser pobres o llorar…etc.” Más bien, ya que son estos los que me siguen, y viven en esta condición ─”Sepan qué no están solos, Yo los observo y pronto haré justicia”.

De hecho, pregúntese, ¿Por qué usted le sigue? Seguramente porque necesita su ayuda, porque seguramente hay algo en su vida que no sabe cómo solucionar, mejorar, o con lo que no puede lidiar. Entonces usted y yo formamos parte de ese grupo, y Dios desea que tengamos también esperanza.

Es en la necesidad donde el hombre está más abierto a buscar a Dios, a pedir ayuda. Pablo decía:

“pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo. 10 Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (2 Cor 12:9-10)

Es en la vulnerabilidad donde más nos humillamos para encontrar solución, y si eso es lo único que nos permite acercarnos a Dios, entonces “¡Dichosos debemos estar por eso!” No en vano Jesús dijo: "Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios." (Mt 19:24)

2. La segunda razón es que Jesús estaba honrando con las Bienaventuranzas a aquellas personas que quizás no gocen de muchos privilegios en esta tierra. Jesús les estaba haciendo una promesa eterna, y Aquel que descendió del Cielo sabía perfectamente que la recompensa que les iba a dar compensaba por mucho cualquier infelicidad en esta vida.

Estas mismas promesas se siguen manteniendo para nosotros hoy día, el problema nuestro está en que esto no es suficiente, lo material es lo único que nos importa y al parecer lo que único que queremos, y cuando pasa esto, lo eterno deja de ser una esperanza para nosotros. C. S. Lewis decía lo siguiente respecto a las promesas de Dios y nuestra actitud hacia ellas:

Somos criaturas desanimadas, que nos engañamos con bebida, sexo y ambición cuando se nos ofrece un gozo infinito, como el niño ignorante que desea seguir haciendo figuras de barro en su vecindario porque no se puede imaginar qué significa el ofrecimiento de unas vacaciones junto al mar

Las promesas de Dios no son simples ilusiones, es algo más que eso. Por lo menos lo fue para aquellos cristianos que eran arrojados a las jaulas con los leones, estas promesas no fueron vergüenza sino esperanzas. Los mantuvo vivos, y les permitió creer en un Dios justo que hará justicia.

“gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración” Ro 12:12

Estoy seguro de que aquellas personas que hicieron de las Bienaventuranzas su realidad, gracias a ellas, encontraron las fuerzas para sortear las dificultades de esta vida, y cuando finalmente partieron de esta tierra, no llegaron a un lugar desconocido, sino a uno esperado.

Estas mismas enseñanzas y promesas son para nosotros, si estamos pasando por problemas, dolor, miedos, angustias, decepciones. Dios quiere que las acojamos como esperanza, entendiendo que un día recibiremos un premio eterno que compensará cualquier dolor en esta tierra.


Copyright ©2016 Iglesia de Cristo, All Rights Reserved.