B l o g

 
07-02-2019, 13:18

 

Uno de los temas más importantes de la Biblia es la salvación, nuestra salvación, y su importancia es obvia, pues sin ella todos estaríamos perdidos, pues el pecado seguiría acompañándonos hasta nuestros últimos días.

Sin embargo, es ahí en medio de nuestras imperfecciones y deficiencias donde aparece el amor de Dios, y eso es precisamente lo primero que debemos mencionar cuando nos referimos a la condición perdida del hombre, que Dios por su gran amor quiso ayudarnos, quiso salvarnos, aunque no lo merecíamos. A ese acto impulsado por el amor de Dios hacia nosotros es lo que en la Biblia se le conoce como “Gracia”.

La gracias es por tanto, el regalo más grande que Jesús pudo darnos, pues sin ella no existía forma alguna para que el ser humano pudiera remediar su relación con Dios, (Jn.1:17).

“pues la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.”

Si bien, la gracia hace referencia al Sacrificio de Jesús por toda la humanidad para que esta pueda ser salva a través de su sangre, lo cierto es que este regalo no es impuesto, hay que quererlo y aceptarlo. Pues el ser humano en su libertad incluso puede rechazarlo.

 

 

Entonces, ¿Cómo el ser humano acepta esta gracia? El apóstol Pablo hablándole a los efesios acerca de la gracia a causa de la necesidad que tenía la humanidad de ayuda, de Dios, les explica cómo se recibe esa gracia. Leamos:

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, 5 nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! 6 Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, 7 para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. 8 Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios” – (Ef. 2:4-8)

La fe es la forma como el ser humano acepta la gracia de Dios, esas grandes riquezas. Lo que sigue ahora es entender, a qué se refiere el pasaje, la Biblia, con la palabra fe. Esto es sumamente importante debido a los cambios que esta palabra ha sufrido en nuestras culturas a lo largo de los tiempos, pues no se trata de lo que cualquiera entienda de ella sino lo que los escritores inspirados querían que entendiéramos.

La palabra fe en el NT tiene dos características para ser entendida correctamente, en un primer momento, podemos decir que la fe nace a partir de la Palabra de Dios, (Ro 10:17)

“Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.”

Observe que la fe según Dios no es subjetiva en todas sus características, de hecho, nace a partir de lo objetivo, es decir, cuando alguien lee o escucha la Palabra y racionalmente juzga la información como correcta y la acepta con valida, ahí nace la fe. La fe es creerle a Dios, a su Palabra, pues es Él quien lo dice.

El escritor de la carta a los Hebreos dice lo siguiente con relación a la fe, (He 11:1)

“Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve.”

En la medida que voy leyendo más la Palabra de Dios y creyéndola, ella irá fortificando mi confianza, mi seguridad, mis convicciones de aquello que incluso por ahora no vemos, a saber, Dios y sus promesas.

Ahora, esto no es todo lo que sabemos de la fe en el NT, hay algo más que hace a la fe, y esto lo leemos en la epístola de Santiago.

“Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? 15 Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece del alimento diario, 16 y uno de ustedes le dice: «Que le vaya bien; abríguese y coma hasta saciarse», pero no le da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? 17 Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta. 18 Sin embargo, alguien dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras». Pues bien, muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré la fe por mis obras. 19 ¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan.”

La fe según Dios va acompañada necesariamente de acciones. Aclaro que Santiago no está hablando de obras meritorias, ni se trata acá de cosas que un individuo pueda hacer para ganar para sí el derecho a ser salvo. Claro que no. Al contrario, Santiago está tratando de explicar que la fe impulsa al hombre por sus mismas convicciones a hacer algo con su fe para la gloria de Dios en obediencia. Es decir, no existe tal cosa como una fe inmóvil, que no motive al cambio, y sí la hay, entonces esa clase de “fe” desagrada a Dios, pues es muy parecida a la que posen los demonios, pues creen y tiemblan, pero no hacen nada en cuando a la obediencia a Dios.

Por tanto, cuando hablamos de la fe en la Biblia debemos entenderla de esta forma, como algo que es producido a partir de lo que voy creyendo de la Palabra de Dios, pero que tal información no me deja indiferente, al contrario, me motiva a obedecer, a hacer algo. La Biblia está llena de ejemplos donde se observa la fe en toda su gloria, como el capitulo 11 de Hebreos, donde habla de los héroes de la fe. En cada caso se menciona la fe de ellos acompañadas de sus acciones, pues fe sin acción no es fe.

 

 

 

Aceptando la Gracia:

 

Todo esto nos ha conducido a este punto, determinar cuál es la forma en que las personas aceptan la gracia. Pues ya hemos determinado que hay algo más que un creer mental en lo que es la fe. Para ello es necesario examinar los primeros casos en la Biblia donde personas aceptaron a Cristo y comenzaron a creer en Él. El primer caso lo encontramos en el libro de Hechos 2, leamos:

“Por tanto, sépalo bien todo Israel que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías». 37 Cuando oyeron esto, todos se sintieron profundamente conmovidos y les dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: —Hermanos, ¿qué debemos hacer?” (vv. 36, 37)

En esta ocasión Pedro predicó por primera vez a la comunidad judía que Jesús era el Salvador, el Mesías que tanto habían esperado y que le habían dado muerte. Pedro le menciona la necesidad presente de entregar sus vidas a Él.

La respuesta de las personas fue fe-creer. Ellos no solo entendieron, sino que también aceptaron esta información como cierta, ellos finalmente habían creído en Jesús, pues de otra manera no habrían preguntado “¿qué debemos hacer?”

Si la gracia se recibiera sólo (únicamente) por una fe subjetiva, mental, lo más probable es que Pedro les responda a su pregunta con algo parecido a lo siguiente: “Tranquilos hermanos judíos, ya ustedes han hecho todo lo que se necesita, por su fe ya han recibido la gracia de Dios en sus vidas, han sido perdonados, han sido salvados, ahora solo perseveren hasta el fin. Hagamos una oración…”

Pero no fue eso lo que dijo Pedro, y la razón es que la fe demanda obediencia, no lo olvide. Sigamos leyendo:

Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo. 39 En efecto, la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los extranjeros,[i] es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar. 40 Y con muchas otras razones les exhortaba insistentemente: —¡Sálvense de esta generación perversa! 41 Así, pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas.”

Note que el perdón y la salvación no fueron una realidad para ellos hasta que se bautizaron. Entendemos entonces que la obra que nos impulsa a hacer nuestra fe cuando queremos entregar nuestra vida a Cristo es el bautismo. La aceptación de la gracia de Dios en el ejemplo de ellos se da solamente cuando se combinan en un mismo instante la fe (basada en nuestra comprensión de Jesús como Señor y Dios nuestro) y la acción del bautismo en agua.

Solo después de esto existe el perdón, la salvación, por tanto, la aceptación de la gracia de Dios. Por causa de lo anterior, Jesús expresó lo siguiente:

“El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado.” (Mr. 16:16)

El creer debe ir acompañado de la acción. Van de la mano, asociadas e inseparables. Más adelante Pedro señala que el acto bautismal nos salva.

“la cual simboliza el bautismo que ahora los salva también a ustedes. El bautismo no consiste en la limpieza del cuerpo, sino en el compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios. Esta salvación es posible por la resurrección de Jesucristo” (1 P 3:21)

El poder de la salvación está en el sacrificio de Cristo, ese acto desinteresado y lleno de amor que busca reconciliarnos con el Padre (gracia), pero tal bendición no será otorgada a las personas hasta que movidas en fe sean bautizadas para el perdón de sus pecados.

 


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