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16-02-2022, 20:22

La aceptación es un concepto muy común en nuestras pláticas diarios. Puede que pocos entiendan el sentido original de lo que el término quiere comunicar, sin embargo, la generalización del concepto nos ha llevado a familiarizarnos tanto con él que podemos creer que lo vivimos. Lo cierto es que, frases como: “me acepto tal cual soy” muy pocas veces proceden de personas que realmente lo están viviendo. Sobre todo en una sociedad de apariencias, de competencia, de juicios y de ideas distorsionadas respecto a uno mismo.

Es por eso y mucho más que la aceptación personal sigue siendo un aspecto sobre el cual debemos poner foco. La aceptación tiene que ver con el reconocimiento de quiénes somos en verdad, honestamente, sin añadir ni quitar. La aceptación entonces surge cuando no negamos quienes somos.

 

Aunque en la Biblia no encontramos el término específicamente, se puede encontrar implícitamente el concepto en muchas enseñanzas, por ejemplo:

 “A algunos que, confiando en sí mismos, se creían justos y que despreciaban a los demás, Jesús les contó esta parábola: 10 «Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro, recaudador de impuestos. 11 El fariseo se puso a orar consigo mismo: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres —ladrones, malhechores, adúlteros— ni mucho menos como ese recaudador de impuestos. 12 Ayuno dos veces a la semana y doy la décima parte de todo lo que recibo”. 13 En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia, ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador! [énfasis añadido]” - (Lc 18:9-13)

En esta corta enseñanza vemos a Jesús tratando el tema de la humildad y el orgullo, como elementos que se oponen entre sí. El uno necesario y el otro perjudicial. La pregunta, que podemos hacernos ante este pasaje es: ¿Cómo una persona orgullosa puede pasar de la arrogancia a la humildad? ¿Cuál es el primer momento que permite el cambio? - claramente la aceptación.

Ahora, la aceptación como la estamos concibiendo no es un reconocimiento pasivo, inútil y sin provecho. Muchos dicen: “sí, soy así” y nada más. Dando a entender que no se puede hacer nada, y el mayor logro es en última instancia el simple reconocimiento. Eso es posicionarnos en un lugar muy cómodo y nada más, lo cual no ayuda de nada. La aceptación de la que hablo reconoce quién se es, pero ante lo errado (problemático/destructivo) que nota la persona en sí, se decide por cambiarlo, modificarlo. No se satisface sólo con señalarlo. Si fuera esa la idea, no habría merito en la oración del recaudador de impuestos. A Dios no le interesan aquellas oraciones que no van acompañadas del trabajo, trabajo por cambiar.

Examínense para ver si están en la fe; pruébense a sí mismos. ¿No se dan cuenta de que Cristo Jesús está en ustedes? ¡A menos que fracasen en la prueba! [énfasis añadido]” - (2 Cor 13:5)

La aceptación es un primer paso para cualquier gran cambio. Si queremos aprender de Jesús y seguir sus pasos, su forma de vida, debemos tener conciencia de dónde partimos, de quiénes somos ahora, en este momento, y a partir de ahí comenzar a moldear nuestra vida con el Señor.

Hay mucho por decir acerca de este tema, sin embargo espero que lo poco que se dijo en estas líneas pueda motivar un estudio más serio que nos lleve a una mejor relación con nuestro creador y en consecuencia una mejor vida.

 


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