23-07-2019, 20:50

Vivimos en una época de supuestos. La verdad como algo objetivo y único, se ha perdido, no forma parte de nuestra cultura. Es fácil hacerse adepto de una ideología, formar parte de algún partido, o implementar ciertas creencias de las cuales ni siquiera se tengan certezas de ser correctas. Y el problema mayor de todo esto es que no existe ninguna preocupación al respecto.

Los partidos políticos se han aprovechado de esto por muchos años, pero no sólo ellos, también las grandes corporaciones, organizaciones religiosas,  y muchos más. Claramente eso está mal, pero no por eso es menos horrorosa la actitud de aquel que acepta todo sin cuestionar, dando todo por cierto sin ninguna crítica al respecto.

A diario vemos en las calles, en las noticias, en nuestro trabajo, quizás usted sea uno de esos que dice: “Yo pienso a sí, y no me importa lo que digan los demás” o “Esa es mi verdad, y tienen que respetarla”

Nos hemos acostumbrado tanto a eso que incluso lo hemos hecho parte de nuestras vidas, ¿Cuántas creencias no seguimos arrastrando, dándolas por ciertas y sin la mínima duda de que no lo sean? Es más, hasta discutimos por ello.

“Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz 9 (el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad)” -(Ef. 5:8-9)

Nuestra vida con Cristo nos compromete a vivir según la luz, y la luz es verdad. Esto significa que debemos preocuparnos por cuestionar nuestras prácticas, nuestro estilo de vida, nuestras relaciones, la crianza de los hijos, todo bajo la luz de Cristo. No podemos quedarnos en el mismo lugar en el que nos encontró Cristo sin comenzar a dar cambios desde el error a la verdad y todo comienza con aquello que está en nuestras mentes.

El gran peligro de esta forma de vida es que perpetuamos el error, no sólo en nuestras vidas, sino que también en la de otros.  Caemos en la hipocresía, porque por un lado seguimos a Cristo, pero por otro nos resistimos a la propuesta de vida que él nos ofrece. No seremos plenamente felices, pues llevamos simplemente vidas en donde hay “funcionalidad”, más no felicidad según lo que desea Dios para nosotros.

Ahora, esto no necesaria mente resulta de una deliberada rebeldía contra Dios, al contrario, a veces ni siquiera nos damos cuenta que estamos envueltos en esto, y por lo tanto no podemos salir.

“Sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno, 22 eviten toda clase de mal.” (1 Ts 5:21-22)

Esto me lleva a pensar en lo poco juiciosos que somos acerca de todo lo que estamos metiendo en nuestras mentes y que termina dándole la dirección a nuestras vidas. 

Un hombre que cree que la mujer no puede opinar en asuntos del hogar porque él manda, pues así lo oyó de alguien o lo vio en sus padres, se estará perdiendo de la ayuda objetiva que podría proporcionarle su esposa, además de estar destruyendo el plan de Dios para el hogar, por mera ignorancia. Unos padres que pretenden ser “cool” con sus hijos, unos “amigos” con ellos, estarán atrofiando el desarrollo madurativo de sus hijos, además de desobedecer el mandamiento de Dios en cuanto a la crianza.

Probablemente estos eran los temores del apóstol Pablo cuando visitaba las congregaciones de Asia, leamos:

“Por eso, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él, 7 arraigados y edificados en él, confirmados en la fe como se les enseñó, y llenos de gratitud. 8 cuídense de que nadie los cautive con la vana y engañosa filosofía que sigue tradiciones humanas, la que está de acuerdo con los principios de este mundo y no conforme a Cristo.” (Col. 2:6-8)

Estas son sin duda las mismas problemáticas que afronta la iglesia en nuestros días, un mal silencioso que terminará por ahogar cualquier vestigio de Cristo en nuestras vidas, reemplazándolo por aquellas cosas que nuestra cultura diga que están bien. ¡Debemos tener cuidado!

Frente a todo esto ¿Qué podemos hacer? Esto fue lo que Pablo aconsejó a los colosenses:

1. Con el mismo animo que recibimos a Cristo en nuestras vidas, debemos vivir en Él (v.6)

Es decir, debemos esforzarnos por llevar una vida como la que Él  llevó. Seguir su ejemplo. Él es la norma, Él es el modelo, No otra cosa. Cuando no es Cristo quien orienta nuestras vidas, ni marca la dirección, seremos presas fáciles de las alternativas.

 

2. El versículo 7, se lee en la TLA1 de la siguiente manera:

“Tal como se les enseñó, confíen cada vez más en él, y vivan obedeciendo sus enseñanzas para ser cada vez mejores, y den siempre gracias a Dios.”

Acá está la clave para imitar la vida de Cristo y no permitir que las influencias del mundo nos gobiernen.

 

  • Debemos confiar en Cristo. Ante la duda, elija a Cristo.
  • Obedezca sus enseñanzas. Si no conoce lo que Jesús tiene que decir acerca de los diferentes aspectos de tu vida, entonces no tendrás nada que obedecer. Entonces, estudia, aprende su voluntad, y una vez que la sepas, obedécela.

Si hacemos lo que nos aconseja el apóstol, no sólo nos aseguraremos de no seguir a la multitud sin saber exactamente lo que hacemos, sino que viviremos según los ideales de Dios y haciendo eso, estaremos mucho mejor.



1. Biblia Traducción de Lenguaje Actual.


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